El impacto de los vuelos de larga distancia en la función inmunitaria: una revisión científica

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Donald C. Cooper, Ph.D., Director de Ciencias Médicas y de Datos Ramos Law

Descripción general  

Esta revisión exhaustiva examina la evidencia científica sobre los efectos de los vuelos de larga distancia y los horarios irregulares en la función inmunitaria, con especial atención a los pilotos de aerolíneas comerciales. Las investigaciones indican múltiples mecanismos por los cuales el trabajo en la aviación puede comprometer la función inmunitaria, incluyendo la alteración del ritmo circadiano, la exposición a condiciones de hipoxia hipobárica y los factores ambientales de la cabina. Los estudios demuestran que estos factores pueden provocar un deterioro inmunitario transitorio, lo que podría explicar los informes anecdóticos sobre una mayor susceptibilidad a enfermedades entre los miembros de la tripulación de vuelo. 

Alteración circadiana y función inmunitaria

La relación entre los ritmos circadianos y la función inmunitaria representa una de las vías más importantes a través de las cuales los vuelos de larga distancia afectan la salud. El reloj circadiano de 24 horas del cuerpo controla numerosos procesos biológicos, incluida la regulación del sistema inmunitario.[1]Las alteraciones de este sistema, como las que se producen durante el jet lag y los horarios de vuelo irregulares, tienen efectos negativos demostrables en la función inmunológica. 

Mecanismos moleculares

Las investigaciones indican que la alteración circadiana altera la expresión de los genes del reloj en múltiples órganos, incluidas las células inmunitarias. Un estudio en ratones demostró que el jet lag crónico (simulado mediante cambios en los horarios de luz) alteraba o anulaba los ritmos en la expresión de los genes del reloj en el reloj central, el hígado, el timo y los macrófagos peritoneales.[2]Esta alteración se asoció con una desregulación de las respuestas inflamatorias, ya que los ratones con jet lag exhibieron una mayor liberación de citocinas proinflamatorias cuando se les expuso a endotoxinas.[2]. 

Es importante destacar que estos efectos se atribuyeron específicamente a la alteración circadiana en lugar de a la pérdida de sueño o al estrés, ya que los investigadores no encontraron que "no se alteraron las medidas de pérdida de sueño y estrés en los ratones desplazados".[2]Esto sugiere que los horarios irregulares que experimentan los pilotos de vuelos de larga distancia pueden afectar directamente la función inmunológica, independientemente de otros factores estresantes. 

Estudios humanos sobre la alteración circadiana

Estudios en humanos confirman que la alteración circadiana afecta a los marcadores inmunitarios. Investigaciones han demostrado que marcadores inflamatorios como las citocinas y las quimiocinas (componentes clave de la respuesta inmunitaria) están regulados por el reloj circadiano.[1]Estos componentes muestran patrones rítmicos de 24 horas en condiciones normales, pero esta sincronización se ve alterada durante el jet lag y el trabajo por turnos.[1]. 

Un estudio que examinó específicamente los cambios inmunológicos en viajeros frecuentes encontró “infecciones recurrentes… lo que indica una reacción inmunológica deteriorada después de vuelos de larga distancia”.[3]Los investigadores observaron concentraciones elevadas de neopterina (lo que indica la activación de la inmunidad celular) junto con recuentos sanguíneos diferenciales alterados y cambios en las tasas de proliferación de linfocitos.[3]Concluyeron que esto representaba una “disminución del sistema inmunitario después de los vuelos”, mediada parcialmente por hormonas del estrés, como las catecolaminas y el cortisol.[3]. 

Entorno de la cabina y factores de estrés fisiológicos

Condiciones hipóxicas hipobáricas

Las cabinas de los aviones crean un entorno fisiológico único que puede contribuir al deterioro inmunitario. Un estudio controlado que examinó la función inmunitaria tras vuelos simulados de larga distancia detectó cambios inmunitarios transitorios, incluyendo una disminución transitoria de las respuestas proliferativas de linfocitos, en los días posteriores a la exposición a las condiciones típicas de altitud de la cabina.[4]Estos cambios se normalizaron en una semana, pero podrían explicar la mayor susceptibilidad a las infecciones respiratorias, comúnmente observada después de vuelos de larga distancia.[4]. 

Deshidratación extrema y baja humedad

El ambiente de la cabina del avión presenta desafíos adicionales para la función inmunitaria. El aire de la cabina suele tener una humedad extremadamente baja, a veces tan baja como 5%.[5][6]—que es “más seco que el desierto del Sahara”[6]Esta deshidratación severa puede causar dolor de cabeza y de garganta, agravar los síntomas del jetlag y debilitar el sistema inmunitario, haciéndolo más vulnerable a infecciones virales y bacterianas.[5]. 

Por cada hora de vuelo, los pasajeros pierden aproximadamente 237 ml de agua, lo que reduce el metabolismo y la función celular, ralentiza el flujo sanguíneo y promueve la inflamación. Todos estos efectos debilitan el sistema inmunitario.[6]. 

Evidencia epidemiológica en pilotos y tripulaciones de vuelo

Tasas de infección y marcadores inmunitarios

Un estudio comparativo de casos y controles que examinó las tasas de seropositividad para 17 agentes infecciosos comunes encontró que los pilotos de aerolíneas mostraron tasas significativamente más altas de ciertas infecciones en comparación con los trabajadores de oficina emparejados.[7]En concreto, el estudio reveló que los pilotos tenían 2,35 veces más probabilidades de ser seropositivos para el virus del herpes simple tipo 1 y 2,30 veces más probabilidades de ser seropositivos para H. pylori, en comparación con los trabajadores de oficina.[7]. 

Los investigadores especularon que estas tasas de infección más altas podrían atribuirse a la "desregulación del sistema inmunológico de los pilotos debido a la alta fatiga y la alteración circadiana" y a "factores relacionados con la recirculación del aire local en las cabinas de los aviones actuales".[7]. 

Las investigaciones indican que aproximadamente el 20% de los viajeros aéreos desarrollan síntomas de resfriado dentro de una semana después del vuelo.[8]Para los pilotos y tripulantes de vuelo que vuelan con frecuencia, este riesgo se agrava. Los estudios sugieren que la tripulación aérea puede estar en riesgo de exposición a enfermedades infecciosas al entrar en contacto con tripulantes o pasajeros enfermos o sus fluidos corporales; al inhalar patógenos transportados por el aire; o al tocar superficies contaminadas.[9]. 

Consideraciones ocupacionales únicas

Las tripulaciones de vuelo también están expuestas a otros riesgos laborales que pueden agravar los problemas inmunitarios. Por ejemplo, experimentan la dosis de radiación individual anual más alta de cualquier ocupación debido a la exposición a la radiación cósmica a grandes altitudes.[9][10]Si bien la exposición a la radiación está vinculada principalmente al riesgo de cáncer más que a la supresión inmunitaria aguda, representa otro factor estresante fisiológico específico del trabajo en la aviación. 

Salud mental, fatiga y función inmunológica

Las investigaciones sobre la salud de los pilotos indican una conexión significativa entre la exigencia de los horarios de vuelo, la salud mental y el bienestar físico. Un estudio transversal de 406 pilotos internacionales reveló altos índices de fatiga, problemas de sueño y problemas de salud mental.[11]. 

El estudio reveló que “el 44,81% de los pilotos de vuelos de corta distancia reportaron fatiga severa… un 31,71% adicional reportaron fatiga alta” mientras que “el 34,71% de los pilotos de vuelos de larga distancia reportaron fatiga severa y el 37,31% fatiga alta”.[11]Estos hallazgos son particularmente preocupantes dado que estos pilotos tenían programado solo entre el 51,4 y el 65,41 TP17T de las horas de servicio y vuelo legalmente permitidas.[11]. 

Los problemas de salud mental también fueron frecuentes, con “pruebas de detección de depresión positivas… informadas por 18.1% de pilotos de vuelos de corta distancia y 19.3% de pilotos de vuelos de larga distancia”.[11]Esto es importante ya que se sabe que el estrés psicológico y la depresión afectan la función inmunológica. 

Estrategias de mitigación

Varias medidas de protección pueden ayudar a mitigar el impacto inmunológico de los vuelos de larga distancia: 

  1. Hidratación:Las investigaciones enfatizan la importancia de mantener la hidratación durante los vuelos, con recomendaciones de “aumentar la ingesta de agua dos días antes de volar” y “beber al menos 2,5 litros de agua durante un vuelo de 10 horas”.[5]. 
  2. VacunaciónLos CDC recomiendan que la tripulación aérea “se mantenga al día con las vacunas de rutina (por ejemplo, difteria, tétanos, tos ferina, influenza, sarampión, paperas y rubéola)”.[9]. 
  3. Prácticas de higiene:Lavado frecuente de manos con agua y jabón o uso de desinfectantes de manos a base de alcohol que contengan ≥60% de alcohol cuando no haya agua y jabón disponibles[9]. 
  4. Apoyo inmunológico:Algunas investigaciones sugieren “reforzar” la función inmunológica antes de viajar mediante una dieta saludable y ejercicio.[5]. 
  5. Equipo de protección:Cuando corresponda, utilizar “equipo de protección personal (por ejemplo, guantes desechables, mascarillas) al ayudar a viajeros potencialmente infecciosos”[9]. 

Conclusión 

La evidencia científica respalda firmemente una relación entre los vuelos de larga distancia, especialmente con horarios irregulares como los que experimentan los pilotos comerciales, y el deterioro de la función inmunitaria. Múltiples mecanismos contribuyen a este efecto, como la alteración circadiana, la exposición a condiciones de hipoxia hipobárica, la sequedad extrema en la cabina y la fatiga acumulada. 

Los problemas de salud reportados por los pilotos, incluyendo una mayor susceptibilidad a resfriados, gripe y otras infecciones a pesar de su alta condición física, coinciden con el deterioro inmunológico transitorio documentado en estudios controlados. Estos efectos parecen ser particularmente pronunciados en los pilotos jóvenes, quienes pueden enfrentar factores de estrés adicionales debido a horarios exigentes y presiones laborales.

Referencias: 

  • Oscar Castanon-Cervantes, Mingwei Wu, J Christopher Ehlen, Ketema Paul, Karen L Gamble, Russell L Johnson, Rachel C Besing, Michael Menaker, Andrew T Gewirtz, Alec J Davidson, Desregulación de las respuestas inflamatorias por alteración circadiana crónica.La Revista de Inmunología, Volumen 185, Número 10, noviembre de 2010, Páginas 5796–5805,https://doi.org/10.4049/jimmunol.1001026  
  • Wilder-Smith A, Mustafa FB, Peng CM, Earnest A, Koh D, Lin G, Hossain I, MacAry PA. Deterioro inmunitario transitorio tras un vuelo simulado de larga distancia. Aviat Space Environ Med. Abr. 2012;83(4):418-23. doi: 10.3357/asem.3162.2012. PMID: 22462370. 
  • Santiago Sáez A, García Martín Á, Gómez Serrano M, Liaño Riera M, Minoretti P. Un estudio comparativo de la seroprevalencia de 17 patógenos comunes entre pilotos de aerolíneas y trabajadores de oficina. Cureus. 19 de diciembre de 2023;15(12):e50778. doi: 10.7759/cureus.50778. PMID: 38239511; PMCID: PMC10795586. 
  • Ruuskanen O, Dollner H, Luoto R, Valtonen M, Heinonen OJ, Waris M. Contracción de infecciones virales respiratorias durante viajes aéreos: un riesgo para la salud poco reconocido para los atletas. Sports Med Open. 22 de mayo de 2024;10(1):60. doi: 10.1186/s40798-024-00725-5. PMID: 38776030; PMCID: PMC11111432. 
  • Ruuskanen O, Dollner H, Luoto R, Valtonen M, Heinonen OJ, Waris M. Contracción de infecciones virales respiratorias durante viajes aéreos: un riesgo para la salud poco reconocido para los atletas. Sports Med Open. 22 de mayo de 2024;10(1):60. doi: 10.1186/s40798-024-00725-5. PMID: 38776030; PMCID: PMC11111432.